Manuel Ramos en una tarjeta de visita realizada en el estudio Cruces y Campa. Ciudad de México, 1881.

Retrato de Manuel Ramos realizado en el fotoestudio Aguirre y Ramos. Ciudad de México, ca. 1894.

Manuel Ramos y Luz Vázquez del Mercado.

Familia Ramos Vázquez del Mercado. Sentados, de izquierda a derecha: Manuel hijo, Teresa, Luz María Vázquez del Mercado, Manuel Ramos. De pie: Concepción, Guadalupe, Carmen y Luz María. Popotla, ciudad de México, ca. 1917.

Acreditación de Manuel Ramos como fotógrafo de la Inspección General de Monumentos Artísticos y Bellezas Naturales de la República Mexicana, rubricada por Jorge Enciso, ca. 1920.

Retratos de frente y de perfil del fotógrafo Manuel Ramos, ca. 1937.

En la imagen al frente, los asistentes de los reporteros. En la segunda fila, de izquierda a derecha: Gerónimo Hernández, Ezequiel Álvarez Tostado, Antonio Carrillo y un fotógrafo no identificado. En la tercera fila: Armando Morales, Agustín V. Casasola, Antonio G. Garduño, Manuel Ramos, Abraham Lupercio y otra persona no identificada (Autor no identificado).

BIOGRAFÍA

Manuel Ramos pertenece a la primera generación de fotoperiodistas mexicanos. Nacido en San Luis Potosí, en 1874, Manuel Ruperto Ramos Sánchez fue hombre de múltiples facetas: fotógrafo, inspector de monumentos coloniales, fotomontajista, hagiógrafo, propagandista de la fe católica, cultor de las bellezas naturales, retratista de personas, animales y cosas.

Llegó a la ciudad de México a fines del siglo XIX para incorporarse al ajetreado mundo del fotoperiodismo. Se desconoce su formación artística, los días que transcurrieron entre su nacimiento, el 10 de junio de 1874, en Venado, San Luis Potosí, hasta su llegada a la ciudad de México son un misterio. De 1899 a 1915, colaboró en las principales revistas de la época: Arte y Letras, El Mundo Ilustrado y Cosmos, entre otras, que ofrecían la novedad de incluir la imagen fotográfica en sus páginas. Prácticamente no hubo publicación en la que no fueran incluidas sus imágenes. Manuel Ramos es un valioso testigo de sucesos que marcaron el curso de la historia en la primera mitad del siglo XX.

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Manuel Ramos figura entre los fotógrafos predilectos del Porfiriato. Sus imágenes se publicaban con su firma, privilegio concedido a muy pocos fotógrafos. En alianza y competencia con fotógrafos como Agustín Víctor Casasola, Antonio Garduño, Ezequiel Álvarez Tostado, Samuel Tinoco, Abraham y José María Lupercio, Ramos fue cronista del transcurrir, aparentemente armonioso, del régimen de Porfirio Díaz. A partir de 1910, produjo imágenes que muestran los últimos esplendores de esa dictadura y de las convulsiones políticas, militares y sociales que condujeron al inicio de otro ciclo en la historia del país.

Durante la Revolución, Ramos se aleja del fotoperiodismo e inicia una ardua labor como inspector de monumentos coloniales. De 1914 a 1934 registró minuciosamente los conventos, las iglesias, los nichos, los acueductos y las antiguas casas que habían sobrevivido en la ciudad de México. Las enormes casonas coloniales que con el tiempo se habían convertido en lavaderos, sus numerosas habitaciones transformadas en “pensiones familiares” y en accesorias.

Son años de revuelta, de hambre, de migración a la ciudad. La miseria que retrata Ramos está rodeada por un halo de fe, no hay morbo, no hay lástima, la humildad es la salvación de las almas y de esa certeza surge una belleza insólita. Sus imágenes trascienden el registro arquitectónico, tienen la virtud de evocar y despertar la imaginación.

Entre 1913 y 1915, Ramos Sánchez ayudó con sus fotografías al inventario,documentación, estudio y difusión del patrimonio que custodiaba el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. De 1922 a 1934, se desempeñó como fotógrafo en la Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos, y en la Dirección de Monumentos Coloniales y de la República.

Para el artista, su familia ocupó un lugar preponderante hasta su muerte el 12 de diciembre de 1945. El acervo, compuesto por más de once mil fotografías y documentos que retratan las primeras cinco décadas del siglo XX en México, permaneció en gran parte inédito, al resguardo de sus familiares, desde la muerte de su autor hasta 1992.

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