AZOTEAS Y VECINDADES

El archivo fotográfico de Manuel Ramos retrata la vida en la ciudad de México los primeros cincuenta años del siglo pasado. Se trata de una ciudad llena de paradojas y contradicciones: tradicional y moderna; iglesias y rascacielos, apertura de grandes avenidas y la destrucción de la vieja ciudad que cedió sus terrenos al veloz imperio del automóvil.


Manuel Ramos se abisma desde los altos campanarios, retratando las cúpulas que rastrean los barrios de la ciudad, los techos de las naves de las iglesias que han ido naufragando. Curiosea sobre las azoteas que cuadriculan la traza interior de las casas habitación, los patios traseros del antiguo centro de la ciudad.

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La ciudad que retrata es una ciudad mística, poblada de ángeles, santos y vírgenes de cantera, custodios celestiales que vigilan desde lo alto de sus construcciones. Los nichos de las antiguas casas coloniales, abandonados, semidestruidos, cercenados, enredados entre cables de luz.


Fotografía el antiguo valle de México, sus lagos y sus volcanes, el paisaje ya mítico que a principios de siglo aún eran sitios de paseo, de esparcimiento y devoción: la Villa de Guadalupe, el santuario de los Remedios, los acueductos, los canales de Santa Anita, la Viga, Xochimilco... Apasionado por la creación fotográfica, experimenta, trabaja sus negativos, los raya, los retoca, construye composiciones con fotomontaje, los vuelve a fotografiar, colorea sus impresos, en una búsqueda expresiva personal.


Manuel Ramos llega a la ciudad de México a fines del siglo XIX y se incorpora al ajetreado mundo del fotoperiodismo. Desconocemos su formación artística, los días que transcurrieron entre su nacimiento, el 10 de junio de 1874, en Venado, San Luis Potosí, hasta su llegada a la ciudad de México son un misterio por resolver. De 1899 a 1915 aproximadamente Manuel Ramos colabora en las principales revistas de la época: Arte y Letras, El Mundo Ilustrado, Cosmos, que ofrecen la inmensa novedad de la imagen fotográfica en sus páginas.


Manuel Ramos figura entre los fotógrafos predilectos del Porfiriato. Sus imágenes se publicaban con su firma, privilegio concedido a muy pocos fotógrafos. Prácticamente no hay periódico o revista en las que no sean publicadas sus imágenes.


Durante la revolución, Ramos se aleja del fotoperiodismo e inicia una ardua labor como inspector de monumentos coloniales. De 1914 a 1934 registró minuciosamente los conventos, las iglesias, los nichos, los acueductos y las antiguas casas que habían sobrevivido en la ciudad de México. Las enormes casonas coloniales que con el tiempo se habían convertido en lavaderos, sus numerosas habitaciones transformadas en “pensiones familiares” y en accesorias.


Son años de revolución, de hambre, de migración a la ciudad. La miseria que retrata Ramos está rodeada por un halo de fe, no hay morbo, no hay lástima, la humildad es la salvación de las almas y de esa certeza surge una belleza insólita. Sus imágenes trascienden el registro arquitectónico, tienen la virtud de evocar y despertar la imaginación...

En la inspección de monumentos coloniales, colaboran diversos intelectuales: Jorge Enciso, Manuel Toussaint, Manuel Romero de Terreros y Federico Mariscal entre otros, que elogian los amplios patios soleados, las casas de chiluca y tezontle, declarándolos monumentos históricos y las convierten en símbolos de identidad nacional frente al nuevo enemigo que acecha: el “american way los rascacielos y las grandes avenidas.


Tras su renuncia a la Dirección de Monumentos Coloniales en 1934, por razones políticas como asegura el memorándum de su renuncia, Manuel Ramos continua fotografiando la nueva arquitectura que se construye en la ciudad.


El archivo Manuel Ramos se ha conservado en gran parte inédito desde la muerte de su autor en diciembre de 1945, quedando al cuidado de su familia hijos y nietos que guardaron celosamente un acervo de cerca de ocho mil quinientas imágenes, testimonio de un México que, por un lado, se resiste a la modernidad, arraigado a sus tradiciones y por el otro, retrata orgulloso sus primeros rascacielos.

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